
Al llegar al aeropuerto nadie va a recogerlos y tras varios malentendidos propios de la burocracia que a todos afecta acaban perdidos en una ciudad desolada, casi fantasma del desierto de Negev, en la que tendrán que pasar la noche.
A partir de aquí se construye una conmovedora historia en la que árabes e israelís compartiran la soledad que les rodea. A través de una puesta en escena sencilla, encuadres frontales marcados por las líneas arquitectónicas del paisaje, un llamativo uniforme azul celeste que viste a la banda y largos planos en los que los personajes “sólo” miran, Eran Korilin, consigue dar a la película gran dosis de humor y humanidad.
La banda nos visita habla de comprensión, de cómo las diferencias que continuamente nos hacen creer que exiten a nivel político y económico entre los paises y las culturas no son tales a nivel humano y personal. Y lo hace con grandes dosis de humor, basado más en lo visual que lo hablado, a destacar la secuencia en la pista de patinaje en la que el ligón ayuda a un chico del pueblo a conquistar a una chicaSasson Gabai (premio al mejor actor europeo del año) interpreta maravillosamente el personaje protagonista, dirige la banda con autoridad, pero tras esa máscara dura y sombría se esconde un hombre de gran corazón atormentado por ciertos acontecimientos del pasado, el encuentro con Dina (Ronit Elkabetz) dueña de un restaurante y que ayudará a los miembros de la banda a pasar la noche en la ciudad servirá de elemento catalizador de la historia.
La película es una de las obras del año en cuanto a reconocimientos se refiere, a pasado con éxito por algunos de los festivales más importantes Cannes (premio fipresci) Seminci (mejor guión y mejor nuevo realizador) Tokyo (grand prix) Montreal (mejor película) y así hasta más de 20 premios.
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