
Compleja, silenciosa, sudorosa, siniestra un punto maquiavelica así son las películas de la argentina Lucrecia Martel, rara avis del cine no solo latinoamericano si no mundial. Verónica, ( la reputada acrtriz María Onetto) de clase acomodada, atropella "algo" con su coche una noche lluviosa y frena unos metros después, pero ni siquiera se atreve a bajar y mirar qué es.
Ese suceso la sumirá en un estado depresivo o más aún reflexivo, que la irá consumiendo poco a poco. La incertidumbre (¿qué o quién ha matado?), la culpa, incluso la ausencia de cadáver que algunos han enlazado con los desparecidos de la dictadura forman una especie de metáfora que convive sin moverse junto a lo que sale en la pantalla: un primer plano de la actriz, protagonista rubia , una interpretación muy difícil , sin texto, sin gesto y con la mirada perdida porque la protagonista está cansada y no le guste lo que ve realmente lo que tiene a su alrededor.
Su mejor arma es la minuciosidad, su cualidad contemplativa y la estética de cada encuadre que ya demostró en sus filmes anteriores, La niña santa y sobre todo la críptica, La ciénaga.
No es fácil entrar en esta historia, no es una película mainstream para todos los públicos quizás ni a mí me entusiasmó durante el visonado pero después es una de esas historias que se queda en la memoria y da para diversas lecturas.
Llama la atención el bellísimo cartel. La cabeza de una mujer de perfil sin rostro y con una maraña de rizos donde predomina el color rojo. En principio el titulo original iba a ser: La mujer sin cabeza pero ya existía otra película así y tuvieron que cambiarlo.
Por segunda vez, cuenta en la producción con El Deseo de los hermanos Almodóvar y es normal que le guste a Pedro porque Lucrecia cuenta con un personal estilo que tiene a la mujer y a lo femenino siempre como máxima protagonista, aquí hasta con alguna connotación lesbica de parte del personaje de las jovencisima Inés Efrón (la adolescente de XXY) en el papel de Candita.
Rara e inquietante repito para llamar vuestra atención deciros que es algo así como un cruce entre Muerte de un ciclista y una película de David Lynch tiene más de este ultimo porque en realidad, puede que ni si quiera atropellara a nadie pero eso le sirvió para cambiar aunque solo fuera por unos días la rutina de su vida de clase alta y ya está.
Es por esto que no gustó a la critica de Cannes, demasiado encorsetados como para verse relejados en Verónica.
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